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El sentido de la urgencia

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Incluso en actividades importantes, como ir al médico, la mayoría nos hacemos los remolones y, hasta que no llega un día en que aquello nos duele de verdad, no nos decidimos a pedir hora para la visita.
En general, tendemos a posponer las decisiones vitales, por la dedicación que suponen y por temor a descubrir lo que no queremos. Luego, cuando ya todo parece bajo control y tocaría actuar en consecuencia, volvemos a retrasarlo, esta vez porque nos hemos relajado. ¿Os imagináis cuáles son las consecuencias cuando todo ello tiene que ver con las posibilidades de crecimiento, expansión o cambio de tendencia de vuestro negocio?
 
El proyecto del que os hablaré apareció al final de un evento, como suele suceder en estos casos: saludas a un conocido, te presenta a alguien, este te cuenta a qué se dedica, tú haces lo propio y al final acabáis intercambiando tarjetas.

Esta persona quería por fin lanzar su proyecto de marca personal, una decisión interesante a tenor de sus dos características: por un lado, el proyecto personal podía convertirse en empresarial por lo novedoso de la propuesta y, por otro, el beneficio de la marca se basaba en una ventaja competitiva que tenía una fecha de caducidad.

¿Cómo se podía gestionar con éxito aquel reto estratégico?

Primero, había que dotar de urgencia al relanzamiento del proyecto:

Hacía ya un año que el cliente había tomado la decisión de lanzar. Para ello había contratado a un consultor externo y este finalmente le había entregado un documento de muchas páginas y algunas conclusiones. Sin embargo, desde entonces, llevaba un año estancado. Para volver a impulsarlo, teníamos que a ir al grano y, además, marcar una fecha límite para terminar:

1) Reformulamos el reto estratégico y lo alineamos con los objetivos personales de su fundadora a corto, medio y largo plazo: lo que importa es lo que necesitas ahora y lo que te gustaría en el futuro.

2) Revisamos el trabajo de consultoría y sus puntos clave y lo enfrentamos al contexto actual para valorar:

a.       El encaje actual de los beneficios de la propuesta: ¿sigue siendo tan atractiva como antes?

b.       La evolución de los riesgos y oportunidades: ¿sigues solo en este mercado? , ¿quién respaldaría esta propuesta hoy?...

3)  Nos centramos en definir, pulir, mejorar y aprobar los conceptos clave necesarios para lanzar e inmediatamente, poder vender:

a.       Imagen y Arquitectura de marca: Logo, Nombre, Claim, Propuesta de Valor

b.       Áreas de actuación y catálogo de servicios.

c.       Argumentos de venta: Elevator Pitch, Storytelling de la fundadora.

d.       Ejes de Comunicación, base del contenido del plan de comunicación.

e.       Web, Canales Sociales: estructura y contenidos.

4)      Finalmente, fijamos un calendario con las principales activaciones que podían empezar a desarrollarse desde aquel momento: sin inventar nada, con lo que tenemos hoy, ¿hasta dónde podemos llegar?

Por último, había que dotar de urgencia a la ejecución y al seguimiento del plan de acción:

El riesgo era que, una vez estuviera todo listo en el plazo que nos habíamos marcado, dejáramos de empujar, por la tendencia natural a relajarnos después del esfuerzo. Para minimizar ese riesgo, pusimos en marcha tres acciones sencillas:

1)  Definir conjuntamente un plan de acción con fechas, responsables y próximos pasos que fuera asumible y viable con los recursos con los que contábamos.

2)  Establecer unos hitos para cada fase del proyecto, que íbamos a celebrar a su consecución.

3)  Comprometernos a una reunión de seguimiento al mes para seguir en tensión durante, por lo menos, los siguientes 6 meses.

MI EXPERIENCIA EN 3 LINEAS:

EL DESAFÍO:

-Conseguir desarrollar todo un proyecto de marca personal en un mes,  ¡en plenas Navidades!.

EL LOGRO:

-Desenredar el bloqueo inicial y desarrollar los primeros pasos de un proyecto empresarial inspirador y de amplia trayectoria.

EL APRENDIZAJE (en este caso dos):

-No hay que esperar a que te duela, ¡hay que ir al médico hoy y seguir el tratamiento hasta el final!

-Un cliente exigente que acaba el proyecto comunicándote su satisfacción es el mayor orgullo (y si además lo comparte en la web, no puedes más que decir: ¡gracias Isabel!)

 

Cristina Garcia-Masachs CEO Softlanding

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