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La mujer que quería opinar

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Quizás algunos de vosotros teníais muy claro desde siempre a qué os querías dedicar, o tuvisteis padres muy persuasivos o que os animaron a ir probando distintas actividades de pequeños, pero otros tuvimos una infancia sin ataduras ni complejos, pero también sin ninguna dirección… Y de repente, un día, la vida nos empezó a plantear dilemas y tuvimos que empezar a tomar decisiones.

Lo relevante de tomar una decisión no es solamente que sea sobre un tema esencial o que implique ciertas consecuencias, sino que, en muchos casos, hay que tomarla individualmente.

No solamente los adultos, los padres, los políticos, los empresarios o los altos directivos tienen que tomar decisiones, también nosotros, y contínuamente, estamos obligados a sopesar razón y corazón y decidirnos por un camino u otro.

En cualquiera de los proyectos que asesoro, hay infinidad de decisiones que tomar, de todo tipo, todas ellas relevantes porque, como decía, de otra manera, mis clientes las tendrían que afrontar solos. Algunas de esas decisiones ni siquiera hubieran aparecido, ya que el día a día tiene la capacidad de emborronar o posponer la estrategia. Ese es el principal motivo por el que creo que mi papel es valorado (según palabras de mis clientes), sin olvidar mi esencial positivismo. Lo que quizás no saben, es que para mí ellos son un regalo, ya que no hay cosa mejor que saberse escuchado, reflexionar abiertamente y hacer lo que siempre quise: opinar.

Hoy me gustaría repasar algunas situaciones que he vivido durante mi vida profesional en las que he dudado mucho, mucho, mucho, antes de atreverme a opinar. Cada una las superé de una u otra manera según la edad, la experiencia y la actitud. Seguro que algunas os sonarán. Con ello, me gustaría reflexionar sobre lo siguiente:

¿SER CAPAZ DE OPINAR ES LA ANTESALA PARA SER CAPAZ DE DECIDIR?

FACT- BASED O LÍMITATE A MOSTRAR LOS NÚMEROS

Si formas parte de un área del negocio muy técnica o específica, difícilmente te dejarán, a la primera, dar tu opinión. Y oirás esta canción: ‘por favor, limítate a mostrar los números o las conclusiones que se derivan, y por favor, que sea fact-based, no te enrolles. Pero si tu intención es ayudar y aprender, no dejes nunca de decir lo que piensas. Sé prudente el primer día, y escucha y anota, pero después, dí lo que opinas. Tu comentario será constructivo y complementario porque lo miras desde otra perspectiva. ¡Eso sí, previamente, tus números deben cuadrar!

CUANDO EL IDIOMA NO ACOMPAÑA

¿Verdad que las personas con facilidad para los idiomas tienen una ventaja inicial sobre los que, simplemente, nos defendemos en otra lengua? He estado en infinidad de reuniones internacionales donde los que hablaban bien se erigían como los líderes de los grupos. Además, a pesar de que internamente habíamos consensuado la respuesta a dar, luego decían lo que querían. ¡Qué frustración, madre mía! Por ello, aunque vayas más despacio que ellos, aunque tengas un poco (o un mucho) de vergüenza, si tienes algo interesante para compartir, ¡no dejes que los demás hablen por ti!

COMO ERES NUEVA, AÚN NO ENTIENDES

‘Si eres nueva, porque no has tenido tiempo de entender el negocio, y si eres consultora, porque como no estás dentro o no has trabajado en la competencia directa, no puedes demostrarlo’... Siempre, siempre, siempre habrá un momento en que te comuniquen esa duda, y lo normal es que surjan las inseguridades. Sin embargo, mi consejo es que no les hagas caso: las claves que rigen los negocios (muy distinto a sus pequeños detalles), son parecidos entre las distintas compañías, y el sentido común es transversal en todas las organizaciones. Si no, prueba a dar tu opinión, ¡ya verás como no va tan desencaminada!

EL MIEDO ESCÉNICO ANTE LOS GRANDES AUDITORIOS

Existe un momento fatídico, cuando al final de una conferencia toca el turno de preguntas, y tu llevas un rato con una duda galopante en el estómago, porque se te ha mezclado con los nervios de pensar en levantar la mano. Cuando el sentido del ridículo aparece yo siempre acudo a unas cuantas frases que me ayudan. Una es: “ellos tienen como mínimo, tanto miedo como tu”; otra es: “de este tema sabes tú más, así que lo que digas puede ayudar”; y la que es definitiva es la siguiente: “¡un, dos, tres, me atrevo!". No hay cosa peor que tener algo que aportar y quedarse sin voz justo en EL momento, ¡no solamente pierdes tu, sino todos los demás!

CUANDO TE SIENTES DIFERENTE, CUESTA MÁS OPINAR

Está claro que, en sociedad, todos queremos ser aceptados. Está muy bien ser una persona auténtica, pero en un entorno que no controlamos, tratamos, como mínimo, de encajar. Por ello, evitamos cualquier comentario inadecuado o fuera de lugar. A mí me pasa cuando soy la única mujer en un grupo masculino, o cuando se habla de un tema que yo no domino (a juzgar por el número de palabras técnicas que no comprendo), o cuando siento que, a mi alrededor, las personas no son nada afines a mí. De todas estas situaciones he aprendido que lo que más se valora es la naturalidad y, con ella, desde entonces, ¡voy a todas partes!

En mi caso, siempre quise dar mi opinión, pero me costó deslibrarme del 'no sé lo suficiente´, 'ahora no es el momento', o simplemente, 'no me atrevo en este foro'.  Creo que ocupemos la posición que ocupemos, o en cualquier ámbito de la vida, dar nuestra opinión nos hará sentir más seguros, nos hará mejores, y nos integrará con el grupo, el proyecto, lo que sea. Ser capaz de opinar nos va a capacitar para tomar decisiones.

MI EXPERIENCIA EN 3 LÍNEAS:

EL DESAFÍO

Ya he ido desgranando algunos, pero en general, creo que el mayor desafío es opinar (y que te escuchen), en un entorno donde las personas no están abiertas a cambiar.

EL LOGRO

Después de superar mi miedo al ridículo, uno de mis logros ha sido ser capaz, durante una reunión improvisada, de hablar sin ningún guion y conseguir mantener la atención de un grupo de más de veinte personas.

EL APRENDIZAJE

Decir lo que piensas, desde la naturalidad y el positivismo, para ayudar y construir es, en sí mismo, un acto de generosidad.     

 

Dedicado a aquellas mujeres que un día levantaron la voz, o que están a punto de hacerlo, para dar su opinión. Dedicado a todas las mujeres que han dejado de ser invisibles.

Cristina Garcia-Masachs, founder of Softlanding

 

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