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Baila, Baila, Baila

Hace ya unos días que empezó el nuevo año y, como otras veces, me dispuse a esperar activamente y con una sonrisa para ver cuáles de los proyectos que tenía en cartera iban a florecer: ¿sería el de la empresa de cosmética que quería lanzar demasiadas cosas a la vez o la formación al equipo científico que no sabía vender?, ¿o sería, más bien, el de aquella distribuidora que había crecido a lo bestia y sin control o el de aquella directiva que quería dejar de vivir en un hotel?… Pasaron unos días más y, por una u otra razón, ninguno de aquellos proyectos prosperó. Era extraño, porque había hecho lo de siempre, y a la vez era normal, porque estas cosas a veces suceden...

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